La abogada y activista Ángeles Blanco, embajadora de AutentiZity, ha recibido el Reconocimiento Arcoíris otorgado por el Ministerio de Igualdad por su trayectoria y su labor especializada en la defensa de los derechos de las personas LGTBIQ+ con discapacidad y en la lucha contra los delitos de odio.
La distinción le fue entregada por el secretario de Estado de Justicia, Manuel Olmedo, durante el acto oficial del Orgullo LGTBIQ+. Un reconocimiento a años de compromiso profesional y activista, pero también a una forma de entender los derechos humanos desde una mirada especialmente necesaria: la interseccionalidad.
Desde AutentiZity conversamos con nuestra embajadora sobre su trayectoria, el significado de este premio, los retos pendientes y el potencial de las empresas que comprenden que detrás de cada política de diversidad hay personas con identidades, experiencias y realidades que nunca caben en una sola etiqueta, y el enorme talento que hay detrás de su autenticidad.
Acabas de recibir el Reconocimiento Arcoíris del Ministerio de Igualdad. ¿Qué significa para ti un reconocimiento así y qué fue lo primero que pensaste cuando supiste que te lo concedían?
No me lo creía. Tardé 10 días en asimilar la llamada del Ministerio y otros tantos en asentar que había recibido este reconocimiento. Me he sentido pequeña tantas veces que sigo sin darle crédito a lo que me ha pasado.
El premio reconoce una trayectoria muy vinculada a la defensa de los derechos de las personas LGTBIQ+ con discapacidad y a la lucha contra los delitos de odio. Si miras hacia atrás, ¿qué momentos, decisiones o experiencias han marcado especialmente tu camino hasta llegar aquí?
Muy posiblemente todas las decisiones. Mi camino profesional no ha sido recto. Antes de abogada, primero fui periodista y, aunque son dos profesiones aparentemente poco relacionadas, el periodismo me hizo ganar mucha confianza en mi misma. Y muy posiblemente no sería la abogada que soy sin esa confianza previa.
Y antes que periodista fue auxiliar de enfermería. Una profesión que tuve que dejar de desempeñar debido a mi enfermedad, pero que me hizo sumamente feliz. Casi tanto como ser abogada. Y creo que no aplicaría el derecho con humanidad sino hubiera acompañado en la enfermedad.
Creo que, si nos dejamos fluir, todo lo que hacemos nos lleva hacia nuestro destino. Y el mío no es otro que tratar de que la vida, ya suficientemente difícil de las personas LGTBI o con discapacidad, sea un poco más liviana.
¿Crees que este premio también lo es para las personas a las que en este tiempo has representado o que han pasado por tu podcast?
Sin duda. De hecho, en la ceremonia había dos Indefendibles. Una sé que quiere seguir permaneciendo anónima. Y la otra es María Clares. A María le defiendo de una discriminación grave, es una de las entrevistadas de la primera temporada de Indefendibles y es una persona a la que quiero.
¡No sabes los lazos que se generan durante los procesos de acompañamiento legal! Cuando eres abogada la gente siempre acude a ti cuando algo malo le ha pasado. Se divorcia. Alguien ha muerto. O ha vivido un delito. Es un momento de suma fragilidad. Y cómo se viva ese momento depende mucho de la mano que tiendas.
Para mí, lo más importante es hacer su carga más liviana. Que salgan del despacho mejor de lo que han entrado. Cuando se trata a un cliente se puede ganar o perder, pero cuando se trata a la persona siempre se gana. Y, en ese ganar, ganamos ambas. En mi caso, yo nunca podré ver la vida como la veía antes de conocerla y de que hayamos vivido ese proceso juntas.
Eres abogada y activista. Dos dimensiones que, en tu caso, parecen profundamente conectadas. ¿En qué momento comprendiste que el Derecho podía ser también una herramienta de transformación social?
Cuando adquirí mi propia discapacidad. En ese momento tuve que enfrentarme a muchas cosas. El estigma, la incertidumbre, el paternalismo, pero lo más duro fue el espaldarazo del sistema.
Cuando adquieres una discapacidad te conviertes en una persona rota. Yo ya era rara, así que, en ese punto pasé a ser una rara rota.
Me costó muchísimo tramitar todo. La propia discapacidad en sí misma, las terapias, las ayudas sociales, que se solicitan cada una en un sitio y tras sortear una multitud de impedimentos. Y ahí me pregunté cómo se viviría todo aquello cuando se tenía una discapacidad más severa que la mía. Y la respuesta a esa pregunta se ha convertido en un propósito vital.
¿Crees que tu propia diversidad y discapacidad te ayudan a ser mejor abogada y a poder dar una atención más humana y mejor a tus clientes?
No sé si a ser mejor abogada, pero sí a ser el tipo de abogada que soy. Yo te acompaño. No decido por ti. Te explico todo y dejo que seas tú quién decida. Para bien o para mal.
Generalmente el proceso judicial pasa por las personas y no las personas por el proceso judicial. Conmigo, no. Conmigo el proceso sirve como vía de empoderamiento personal.
Además, por el momento no hemos perdido ningún procedimiento. Y eso se debe a que me rodeo de los y las mejores profesionales. Entre procuradoría, abogacía, comunicación y pericia judicial somos 23 grandes profesionales. Todas aportamos algo. Y entre todas somos las mejores.
Trabajas en un ámbito especialmente complejo: la intersección entre diversidad LGTBIQ+, discapacidad y discriminación. ¿Por qué seguimos teniendo dificultades para entender que una persona puede vivir varias formas de desigualdad al mismo tiempo?
La intersección es sinónimo de la posición que ocupas en el mundo. No es la suma de opresiones. No significa cuánto me discriminan por mujer, cuánto por bollera y cuánto por tullida. Tampoco que las discriminaciones se multipliquen entre sí. Consiste en ver el todo. En darse cuenta de qué cuántos más ejes de opresión tienes, más cerca estás de los márgenes.
A la discapacidad suele asociarse casi siempre un segundo eje, que es la clase social. Solo trabajamos 1 de cada 4 personas con discapacidad. Y las que trabajamos tenemos sueldos muy bajos. Máxime si, además, somos mujeres. Pese a ello nuestra discapacidad arroja un sobrecoste bastante alto. En mi caso, adaptar mi casa, mi proyecto empresarial y mi coche a mí me ha supuesto 110.000 euros que a una persona sin discapacidad.
Aparentemente esta situación podría analizar solo con la variable discapacidad. Sin embargo, si se hiciera así, la visión sería reduccionista. La proporción del alumnado que estudia Derecho es de 75% y 25% hombres. Sin embargo, en los despachos, el 60% son hombres trabajadores. Y yo no conozco a ninguno con discapacidad.
Este hecho ha marcado mucho mi vida, pero, además, si fuese una mujer heterosexual tendría más posibilidades de tener pareja y compartir gastos. Pero soy homosexual. Y las mujeres son tradicionalmente las que cuidan, así que yo soy leído como una potencial carga.
¿Se puede entender la complejidad de mi realidad observando solo mi discapacidad? Claramente, no.
Hablamos mucho de diversidad, pero a menudo lo hacemos por “compartimentos”: diversidad LGTBIQ+ por un lado, discapacidad por otro, género por otro, origen, edad… ¿Qué perdemos cuando no incorporamos una mirada verdaderamente interseccional?
Pues hacemos como las especialidades médicas. Neumología, para los pulmones; psiquiatría, para la cabeza; y oftalmología, para los ojos. Y yo me pregunto. ¿Quién ve a la persona? Todos y ninguno.
Las personas no somos compartimentos estancos. Si solo vemos una parte puede que recetemos un fármaco con efectos secundarios para la otra “dolencia”.
¿Existe el riesgo de que algunas personas queden invisibilizadas incluso dentro de los propios movimientos y políticas de diversidad?
De hecho, suele ser así.
Sin embargo, la agenda política de la discapacidad no se desdibuja al incorporar el eje mujer o el eje ruralidad. Todo lo contrario. Se enriquece. Y no solo eso, sino que se acerca más a la realidad. Lo habitual es contar con varios ejes de opresión. Y si las políticas públicas os tienen en cuenta, el resultado sí responde a la mayoría. Porque la mayoría no es otra cosa que la suma de muchas minorías.
Esa reflexión tiene una traducción directa en el mundo laboral. Muchas empresas han avanzado en diversidad e inclusión, pero ¿crees que están preparadas para comprender la complejidad real de las identidades de sus profesionales?
Deberían porque solo si incorporan la interseccionalidad van a poder ofrecer productos y servicios verdaderamente atractivos.
Hace no muchos meses decía que las personas con discapacidad empezaríamos a estar incluidas el día que las marcas nos descubran como consumidores. Y, en ese punto, no solo producirán para nosotras, sino que, además, tendrán que contratarnos para responder a nuestras preferencias.
¿Qué debería cambiar en las empresas para pasar de políticas de diversidad bienintencionadas a culturas verdaderamente inclusivas, donde una persona no tenga que esconder una parte de su ser para encajar?
Entender la diversidad como talento y vía de cobertura de todos los gustos sociales.
Si atendemos a los mercados, el mayor de los beneficios se encuentra en lograr una exitosa experiencia del consumidor. Y para llegar a ella puedo hacer testeos, pero el mejor planteamiento es integrar la diversidad humana en la plantilla.
Desde tu experiencia, ¿qué impacto tiene en una persona sentir que debe ocultar una parte de sí misma en su lugar de trabajo: su orientación, su discapacidad, su identidad o cualquier otra realidad; para ser considerada profesional, válida o incluso “empleable”?
A corto plazo una trabajadora que renuncia a sí misma es una trabajadora sin compromiso e implicación.
Decides renunciar a una parte de ti misma para sobrevivir, pero lejos de compartir los valores empresariales buscas trazar una línea de diferenciación con tu empresa. Tanto que, a largo plazo, cuando tus necesidades básicas estén cubiertas, te vas a convertir en una trabajadora quemada.
En AutentiZity hablamos de la importancia de crear lugares de trabajo donde las personas puedan ser ellas mismas. ¿Puede una empresa hablar realmente de bienestar, salud mental o pertenencia si todavía hay profesionales que sienten miedo a mostrarse como son?
Realmente no. La pertenencia está anulada porque nunca abrazarás un sitio que no te deja ser tú misma. Y esa no pertenencia va a afectar a tu salud mental. Trabajas sólo para vivir. Tanto que te acabas hartando de vivir sólo para poder dejar de trabajar.
También impulsas el podcast Indefendibles. El propio nombre tiene mucha fuerza. ¿Cómo nace el proyecto y qué querías provocar con él?
Indefendibles viene a dar voz a personas con discapacidad y/o personas LGTBI que han vivido la violencia y la discriminación en primera persona.
Las personas a las que acompaño viven situaciones muy duras. Pero cuando contaba sus vivencias siempre recibía la misma cara de sorpresa. La gente no se lo espera.
Además, la discriminación o la violencia no se vive a pesar de la discapacidad, la orientación sexual o la identidad de género sino por, al menos una de ellas. Esto es, somos invisiblemente más vulnerables.
¿Qué historias, conversaciones o silencios has encontrado a través de Indefendibles que te hayan hecho replantearte incluso tus propias certezas?
El capítulo de Mayka sobre violencia intra género. Me parece que evidencia a la perfección cómo los agresores se prevalen de la discapacidad para ejercer la violencia. Prepararlo y grabarlo fue tan duro como necesario.
Vivimos un momento en el que los discursos de odio encuentran nuevos altavoces y, en ocasiones, se normalizan bajo la apariencia de opinión, humor o debate. Desde tu experiencia jurídica y activista, ¿qué señales deberían preocuparnos especialmente?
Más que discursos de odio existen delitos de odios. Porque los discursos de odio con humillación pública son delitos de odio.
Lo más preocupante es la normalización de los delitos de odio en su esfera de agresiones verbales. Especialmente porque de la tolerancia al odio hay dos pasos: uno largo y otro corto. El largo se da cuando me atrevo públicamente a alzar la voz. Y el corto es la agresión física.
Hasta este momento operaba una penalización social sobre el menosprecio a la diferencia. Ahora esa penalización ha desaparecido. Solo nos queda el derecho. Y eso es lo más duro que una sociedad puede experimentar.
El derecho debe ser siempre la última opción. Porque entra en juego cuando todo lo demás ha fallado. Y si tiene que entrar en juego desde el inicio estamos ya en el precipicio.
¿Dónde termina la libertad de expresión y dónde empieza el daño, la discriminación o el delito de odio? ¿Crees que como sociedad entendemos bien esa frontera?
Ningún derecho es absoluto. Tampoco la libertad de expresión, que termina cuando comienza la dignidad de la persona que tienes enfrente.
Has recibido este reconocimiento en un acto oficial del Orgullo LGTBIQ+. En un contexto en el que algunos cuestionan la vigencia de las políticas de diversidad, ¿por qué sigue siendo necesario reivindicar estos espacios?
España ha sido reconocida como el primer país de la Unión Europea en materia de derechos LGTBI+. Sin embargo, eso no se debe a que España haya avanzado tanto sino también a que muchos países europeos han retrocedido.
En 2025, el Ministerio del Interior cifró un incremento del 1,5% en las agresiones físicas contra la comunidad LGTBI. Es un dato muy elevado. Además, las últimas agresiones registradas han sido agresiones grupales a manos de 6,7, 8 y 10 personas. Esto es, estamos ante una organización del odio frente a la diversidad sexual.
El Orgullo es más necesario que nunca, pero debe recuperar la reivindicación para reconectar con la ciudadanía.
Formas parte de AutentiZity como embajadora. ¿Qué significa para ti acompañar un proyecto que busca que las acciones de bienestar, salud mental, inclusión y liderazgo en los lugares de trabajo también generen una sociedad mejor?
Una oportunidad. Se alinea directamente con mi propósito social en la medida en que me permite mejorar el espacio en el que más horas pasamos al día.
Si pudieras sentar en una misma mesa a responsables políticos, líderes empresariales y jóvenes que hoy están construyendo su identidad, ¿qué conversación urgente crees que deberían tener?
Creo que deberíamos hablar sobre salud mental. ¿Qué necesitamos para estar bien con nosotros mismos? ¿Qué nos hace estar mal? ¿Cómo podemos neutralizar nuestros malestares?
Y para terminar: después de una trayectoria como la tuya y de recibir un reconocimiento de esta relevancia, ¿Sientes energía renovada para seguir apoyando a quien más ayuda necesita?
Totalmente. Pero no porque se premie a Ángeles Blanco, sino porque se está reconociendo una forma de ser abogada y ejercer la abogacía. Sin pelos en la lengua. Con honestidad y con humanidad.


